Para dormir ella y yo teníamos nuestros rituales.
Se secaba el cabello siempre antes de dormir. Lo tiene liso pero siempre lo hacía. Pasaba rato peinándose. Siempre llegaba a la cama con una pijama bonita y sexy, oliendo a fresas. Muy peinada, con la piel de seda. Y era su olor y lo natural de su atuendo, aunque pasaba como una hora para estar así de natural, era ella sin maquillajes, sin nada debajo de aquella ropita que portaba… era ella para mí.