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viernes, 15 de abril de 2011

SEXO SIN TABÚ EN "EL NACIONAL"


En Entre Sábanas ¡Te Satisface! encontramos una columna de un diario venezolano de gran circulación. Aunque a simple vista el periódico pareciera bastante aburrido, no lo es si te tomas la molestia de hojear su contenido y detenerte en los artículos de Elizabeth Araujo, profesora de la UCAB y periodista de trayectoria.
Sexo sin Tabú es la columna que hoy queremos recomendarte. No te remontes a las clases de salud de bachillerato, no oigas la voz tediosa de ese profesor gallo que te daba la materia y mucho menos imagines a ese doctor con millones de títulos en su consultorio que te habla con un lenguaje tan técnico que parece traído de Marte. No. Elizabet Araujo ha encontrado la manera de hablarte sin tabú para enseñarte que el sexo puede ser divertido y sano al mismo tiempo.
En esta ocasión, traemos un artículo publicado el 16 de febrero de 2011. Si eres de los que siente curiosidad por la movida emo, punk y dark de la ciudad este es tu tipo de texto. Si aparte de querer saber dónde se reúne esta cultura urbana, eres de los que tiene como slogan la frase "el placer siempre es mejor cuando hay dolor", de Caramelos de Cianuro, no puedes dejar de leer esta información.

El placer de los góticos a veces llega a los límites
Kamila está a punto de cumplir 24 años de edad y poco le importa que en el Metro la vean como un insecto, en lugar de la chica vestida de negro, con piercing en las cejas y mechones rojiverdes. Sólo cuando llega a la plaza de La Castellana, donde cada martes en la noche se une al grupo e intercambia los "tripeos" del día, ella siente reivindicados sus gustos, indumentarias y su filosofía de vida.


martes, 16 de noviembre de 2010

Mi segundo Karma

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El día de hoy fue bastante peculiar para mi. Había quedado con ella: Sui, mi segundo karma. Ella es algo más que mi amiga, nos une algo mucho más profundo que no sé cómo explicar.En fin, ella tenía que venir a mi casa como a las dos de la tarde para que mi hermano la ayudara con un trabajo, yo le dije que la pasaba buscando. Al final teníamos ganas de vernos y dejamos de ir a nuestras universidades para encontrarnos en su casa a las ocho de la mañana.

viernes, 20 de agosto de 2010

Donde no debes es mejor

Desde que nos conocimos las ganas de tener sexo han sido correspondidas, más bien, parece que fuese nuestro pasatiempo. No nos cansamos de hacerlo. A medida que pasa es más y más la ansiedad de lo insaciable y la necesidad de sentir esa fusión total de sensaciones excitantes desbordando el vacío de la habitación.

lunes, 26 de julio de 2010

Él era solo mi mejor amigo

Soy heterosexual —o al menos así me consideraba, pues he tenido y tengo mi novia—; pero, desde hace un año una duda ronda en mi cabeza: ¿Seré bisexual?

Todo ocurrió hace un año, cuando por cuestiones de trabajo tuve que irme de viaje y dejar aquí a mi novia. En el viaje me enfermé con una bronquitis muy fuerte y necesitaba que alguien fuera a auxiliarme, así que llamé a mi mejor amigo a ver si podía echarme una mano. Mi amigo viajó y llegó hasta donde estaba y comenzó a hacerse cargo de mi trabajo y de paso de mi salud. Una de esas noches en vela, por mis altas fiebres, mi amigo se acostó en mi cama y comenzamos a hablar. Al ver que la fiebre no me bajaba él se levantó y me buscó unas compresas con agua fría, me las colocó en la cabeza y luego se volvió acostar.

Después de un rato, le agradecí todo lo que estaba haciendo por mí y le hice saber que yo lo amaba como a mi hermano. Hubo un gran silencio entre los dos, mientras yo comenzaba a sentir algo extraño: ¡quería besarlo!, pero el miedo a lo que estaba sintiendo y la duda no me permitían hacerlo. ¡Vaya situación de la vida! Él fue el que me besó. Fue un beso tan rico y extraño que de solo acordarme me vuelvo a excitar. Después de ese beso vinieron las caricias mutuas y comenzaba a quitárseme la fiebre. Él me tomó la mano y viéndome me pregunto que si estaba seguro de lo que iba a pasar porque él sí había estado con otros hombres. Me sorprendí de aquella confesión, pues yo jamás lo habría pensado. Le respondí que no estaba seguro pero que sentía un inmenso deseo de estar íntimamente con él. Entonces, nos comenzamos a desnudar y él me iba llevando. Recuerdo que le dije que tenía miedo al dolor que podía sentir y el con toda su ternura me besó las piernas, las tomó y se colocó una en cada hombro y allí, después de un beso fuerte y largo, pasó lo que tenía que pasar.

Después de esa noche más nunca pasó nada ni volvimos a mencionar lo sucedido. Hoy por hoy seguimos siendo grandes panas y cada uno sigue con su novia.

“Haberlo hecho con ella no cambió lo que soy”

Siempre me he considerado una chica traviesa y con mente abierta; pero, jamás pensé en llegar a un punto de mi vida totalmente desconocido para mí.

Hace dos meses fui al cumpleaños de un conocido. Estaba algo deprimida porque había terminado con mi novio y pasé la mayor parte de la fiesta bebiendo y llorando como una tonta. De pronto, se me acercó una chica y me preguntó que qué me pasaba, yo le eché todo el cuento de mi novio y al terminar ella sonrió y me dijo: “¿quieres probar algo distinto?”... No sé si se debió a la inmensa rabia que sentía o a la inmensa cantidad de alcohol que había bebido, pero le respondí que ¡SI!

Ella me tomó de la mano y me llevó a una de las habitaciones de la casa. Me senté en la cama y ella comenzó a besarme la espalda y el cuello, yo temblaba, pues jamás lo había hecho con una mujer pero no me eran desagradables sus caricias. Me quitó la camisa mientras nos besábamos apasionadamente. Me producía un gran morbo el solo pensar que estaba apunto de acostarme con otra mujer… La situación se fue poniendo más y más caliente, hasta el punto de estar las dos completamente desnudas. De pronto, nos dimos cuenta de que ya ni siquiera estábamos sobre la cama, si no que nos habíamos rodado hasta la alfombra y allí ella comenzó a besarme todo el cuerpo y a acariciar mis partes intimas, yo estaba cada vez más excitada, y me dispuse a ver si ella se sentía igual que yo, así que la toque con delicadeza y constaté que las dos estábamos a punto de un gran orgasmo…

Entre gemidos, besos y mordiscos comenzó suavemente a bajar su mano hasta llegar a donde yo deseaba que llegara, fue con tanta intensidad que comencé a gemir cada vez más fuerte, hasta que se vio obligada a taparme la boca con su otra mano y eso me excitó muchísimo más. Después de un rato llegué al más grande y maravilloso orgasmo de toda mi vida. Al terminar nos vestimos y salimos a la sala otra vez, donde la gente nos miraba con cara de juicio pero a ninguna de nosotras nos importó.

Después de aquella noche jamás la volví a ver. No supe su nombre y tampoco me hizo falta, pues para mí solo fue una experiencia más y dudo mucho que vuelva a suceder. A pesar de que fue muy agradable, hoy más que nunca me siento muy segura de mi sexualidad, hasta el punto de estar en vísperas de boda con mi actual novio.