lunes, 26 de julio de 2010

“Haberlo hecho con ella no cambió lo que soy”

Siempre me he considerado una chica traviesa y con mente abierta; pero, jamás pensé en llegar a un punto de mi vida totalmente desconocido para mí.

Hace dos meses fui al cumpleaños de un conocido. Estaba algo deprimida porque había terminado con mi novio y pasé la mayor parte de la fiesta bebiendo y llorando como una tonta. De pronto, se me acercó una chica y me preguntó que qué me pasaba, yo le eché todo el cuento de mi novio y al terminar ella sonrió y me dijo: “¿quieres probar algo distinto?”... No sé si se debió a la inmensa rabia que sentía o a la inmensa cantidad de alcohol que había bebido, pero le respondí que ¡SI!

Ella me tomó de la mano y me llevó a una de las habitaciones de la casa. Me senté en la cama y ella comenzó a besarme la espalda y el cuello, yo temblaba, pues jamás lo había hecho con una mujer pero no me eran desagradables sus caricias. Me quitó la camisa mientras nos besábamos apasionadamente. Me producía un gran morbo el solo pensar que estaba apunto de acostarme con otra mujer… La situación se fue poniendo más y más caliente, hasta el punto de estar las dos completamente desnudas. De pronto, nos dimos cuenta de que ya ni siquiera estábamos sobre la cama, si no que nos habíamos rodado hasta la alfombra y allí ella comenzó a besarme todo el cuerpo y a acariciar mis partes intimas, yo estaba cada vez más excitada, y me dispuse a ver si ella se sentía igual que yo, así que la toque con delicadeza y constaté que las dos estábamos a punto de un gran orgasmo…

Entre gemidos, besos y mordiscos comenzó suavemente a bajar su mano hasta llegar a donde yo deseaba que llegara, fue con tanta intensidad que comencé a gemir cada vez más fuerte, hasta que se vio obligada a taparme la boca con su otra mano y eso me excitó muchísimo más. Después de un rato llegué al más grande y maravilloso orgasmo de toda mi vida. Al terminar nos vestimos y salimos a la sala otra vez, donde la gente nos miraba con cara de juicio pero a ninguna de nosotras nos importó.

Después de aquella noche jamás la volví a ver. No supe su nombre y tampoco me hizo falta, pues para mí solo fue una experiencia más y dudo mucho que vuelva a suceder. A pesar de que fue muy agradable, hoy más que nunca me siento muy segura de mi sexualidad, hasta el punto de estar en vísperas de boda con mi actual novio.


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